domingo, 15 de febrero de 2009

“Trilogía Millennium”: Literatura comprometida con la mujer.

Los dos primeros libros de la trilogía “Millennium” de Stieg Larsson—el último todavía no se ha publicado en España­—: “Los hombres que no amaban a las mujeres” y “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” reúnen los mejores ingredientes de la novela negra, y añaden otros que la enriquecen. Mezclando la intriga, la investigación periodística y el estudio sociológico, el autor (brillante y polifacético periodista sueco muerto prematuramente en 2004) demuestra oficio narrativo, brillantez imaginativa y precisión, dejando claro que sabe de lo que habla.

La protagonista femenina, envuelta en un halo de misterio, y poseedora de un enigmático carisma, se complementa muy bien con el masculino cuyo carisma reside precisamente en su cercanía y falta de misterio. Son seres aquejados de algunas de las enfermedades de nuestro tiempo como la neurosis y la soledad, la incertidumbre o la incomunicación; pero provistos de un sentido de la dignidad que les permite moverse en los ambientes más sórdidos del mundo actual sin perder la esencia de su humanidad. Dos seres convertidos en inesperados investigadores, e incluso en héroes a su pesar, que conducen al lector por un laberinto de misterios del que no saldrán hasta encontrar todas las respuestas y atar todos los cabos.

La violencia hacia las mujeres es el eje argumental de los dos libros, y me atrevo a decir que lo será del el tercero; de hecho, en el primero, cada una de las partes empieza con cifras escalofriantes sobre esta lacra en Suecia (… ¡Suecia!).
A través de este eje conductor, el autor se adentra en otros temas de rabiosa actualidad como los delitos informáticos por internet (la trama alrededor de los hackers adquiere dimensiones planetarias), el entramado de los grupos neonazis, el narcotráfico, la corrupción política y financiera, etc. Utilizando incluso los enigmas matemáticos—en el segundo libro—para intentar explicar la intrincada realidad.
Pero por encima de todo subyace una explícita denuncia de los abusos hacia las mujeres en todas sus dramáticas vertientes. A este respecto el autor dice a través de uno de sus personajes, que la trata de blancas, y el comercio sexual o “trafficking” son el mayor iceberg de la criminología sueca, y que no existe otra actividad delictiva donde el componente de género esté tan delimitado y la aceptación social sea tan grande.


Escritos de forma contundente y rigurosa, las distintas ramificaciones de las tramas son una fuente inagotable de información, y muchos de los capítulos —algunos de extrema dureza— dejan al lector literalmente sin aliento, obligándole a robar horas al sueño.

Debemos dar las gracias a Stieg Larsson y a otros grandes creadores (en cine tenemos, por ejemplo, a Clint Eastwood y a David Cronenberg que, en las estupendas “El Intercambio” y “Promesas del Este”, respectivamente, denuncian también la discriminación y violencia que sufren las mujeres); ellos nos hacen emocionarnos y disfrutar mientras aprendemos algo más sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Es decir, son capaces de entretener de la mejor forma posible: comprometiéndose con la realidad y provocando la reflexión.
Lamentablemente, Larsson ya no está entre nosotros, pero ha dejado su legado: unos libros apasionantes, y una rotunda condena a la brutalidad que muchos de sus congéneres siguen ejerciendo sobre las mujeres, en el umbral del nuevo Milenio.

Mª Engracia Sigüenza Pacheco

1 comentario:

FLAMENCO dijo...

Un excelente comentario¡