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ARTÍCULOS
EL PODER DE LA EDUCACIÓN
Hace poco tiempo pasaron en la 2 de televisión española la película “Moolaee” del director senegalés Ausmane Sebène; una película estupenda, sobre todo porque explica de forma clara, sin grandilocuencias y sin alejarse de la realidad, algunos de los complejos problemas que sufre el continente africano. Y lo hace tan bien que hasta un niño de 11 años (la edad de mis hijos, a los que la película les gustó mucho) llega a comprender lo esencial: que la falta de educación, el fanatismo—unido en este caso tanto a la incultura como a la religión—y las dictaduras impiden el desarrollo de un país, y hacen sufrir a sus habitantes innumerables crueldades e injusticias; especialmente a las mujeres y a las niñas (la historia gira en torno a la ablación, practica realizada en más de 30 países).
La película —que fue premiada en Cannes—tiene además el gran mérito de aportar soluciones y no dejar al espectar ahogado en la impotencia.
Al igual que sucede con los buenos libros, después de visionarla sientes que sabes algo más, que has interiorizado y comprendido aspectos de la realidad que antes sólo intuías. Por ejemplo: el inmenso poder que tiene la educación, la información y la cultura para resolver conflictos y conseguir el bienestar social.
Para los que trabajamos en el mundo de la enseñanza y estamos acostumbrados a manejar la frustración y el desánimo es fundamental recordar esto, ya que a veces no somos conscientes de la enorme importancia de nuestro trabajo.
Yo estoy convencida de que enseñar —y por ende aprender—es lo que realmente hace cambiar el mundo. Y películas como ésta me reafirman en esa idea. En ella la transmisión de información es fundamental en la rebelión que llevan a cabo las mujeres del poblado. La protagonista basa su coraje en el conocimiento, pues a través de él ha comprendido la sin razón de una tradición cruel e injusta para las mujeres.
La educación tiene más poder que el dinero (a pesar de vivir inmersos en un sistema capitalista en donde continuamente se nos quiere convencer de lo contrario); por eso en tantos países se manipula, se secuestra o se prohíbe directamente: porque es el arma más potente y universal.
La labor de los profesores es encomiable en cualquier lugar del mundo, aunque ni la sociedad ni quizá ellos mismos lo hayan interiorizado todavía.
En las escuelas de nuestro país no sólo se enseña cultura, también se enseña la vida; y se ha convertido en muchos casos en lugar de referencia y, a veces el único, donde encuentran felicidad algunos alumnos (niños desatendidos en sus casas por múltiples factores, la mayoría inmigrantes o pertenecientes a familias desfavorecidas intervenidas por Servicios sociales); alumnos a los que veo por las mañanas canturrear y dar saltos por la acera con caras sonrientes camino del colegio.
No hablemos sólo del acoso escolar o de la falta de recursos: en la escuela también hay poesía y, como ella, es un arma cargada de futuro.
Orihuela enero 2008
Mª Engracia Sigüenza Pacheco. Psicopedagoga S.P.E A-6 de Orihuela.
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LA REVOLUCIÓN DE LA MUJER
A las mujeres no nos han regalado nada. Conviene recordarnos unas a otras que detrás de cada derecho conseguido en el largo—ya casi eterno—camino hacia la igualdad de oportunidades, hay siempre otras mujeres que han luchado, a veces hasta dejarse la vida, para que nosotras podamos disfrutarlo.
Mujeres que se han rebelado por supuesto contra los hombres (el sexo privilegiado o primer sexo como diría Simone de Beauvoir), pero también—y esto es más triste—contra otras mujeres que no sólo no las apoyaban sino que directamente las criticaban y que ahora se benefician—injusticias de la vida— de los logros conseguidos.
El movimiento feminista ha conseguido que las mujeres del llamado “primer mundo” (países con gobiernos democráticos, elevado nivel de vida y leyes que contemplan la igualdad y el respeto a los derechos humanos) gocen de un grado de libertad y de participación social impensable hace apenas un siglo. Y esto hay que reconocerlo y agradecerlo públicamente.
Uno de los pilares de ese movimiento fue la ya mencionada filósofa y escritora Simone de Beauvoir de la que se cumple este año el primer centenario de su nacimiento.
Viene a decir la Beauvoir en un capítulo de su libro “El segundo sexo” que en el inicio de la dominación sobre la mujer hubo mala fe por parte del hombre, porque cuando éste descubrió su superioridad física (por medio de la violencia) decidió que él debía ser el amo y señor. Por esa y otras muchas razones explicadas en el extenso libro, desde los albores de la historia y hasta la actualidad la mujer nunca ha sido considerada una igual sino la alteridad, el segundo de los sexos y casi siempre la vasalla del hombre. Ésta sería de forma simplificada una de las muchas interpretaciones a las que da lugar su apabullante libro; un libro que se puede discutir pero al que nadie puede negar el enorme derroche de inteligencia y brillantez que destila en cada una de sus páginas.
Mujeres como ésta han sido y siguen siendo fundamentales en la lucha contra una de las mayores y más antiguas injusticias históricas que todavía no ha sido resuelta: la discriminación social de la mujer; y que en muchos países ni siquiera se ha iniciado (según el filósofo André Glucksmann autor del libro “El discurso del odio”, el odio hacia la mujer es el más largo y planetario que existe; más milenario incluso que el antisemitismo).
Pero no debemos olvidar que las revoluciones no precisan sólo líderes sino que todos debemos aportar nuestro granito de arena, y digo todos porque, aunque es obvio que las mujeres debemos seguir en la lucha y no bajar la guardia, no lo es menos que no podemos trabajar de espaldas a los hombres, que necesitamos su colaboración.
Ahora que las mujeres hemos accedido al mundo de los hombres (el mundo de la empresa, de la política, de la ciencia etc.) se hace cada vez más necesaria la incorporación de ellos al considerado “mundo femenino” (el hogar, el cuidado de los hijos y de los mayores etc.); sólo de este modo conseguiremos entendernos.
Y puesto que nos necesitamos, debemos caminar en esa dirección: el futuro debe ser de ambos o no será.
Orihuela enero 2008
Mª Engracia Sigüenza Pacheco. Psicopedagoga S.P.E A-6 de Orihuela.
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